June 4, 2014 | Posted in: POLITICA

Comprar alimentos en Venezuela no es tan fácil. Hay que hacer largas filas para adquirir los renglones de más uso

Comprar alimentos en Venezuela no es tan fácil. Hay que hacer largas filas para adquirir los renglones de más uso

Siempre se dijo que en Venezuela las cosas salían mal, la mayoría  de las veces, porque había una especie de mandato divino que hacía determinante que nada fuera fácil, si acaso terminaba bien. Si usted organizaba una fiesta en su casa tenga la seguridad de que cortarían la luz justo a las siete de la noche. Su reunión sería a punta de velas. Si usted, por ejemplo, decide ir a un juego de béisbol lo más seguro es que llueva en el segundo inning. y suspendan para otra fecha, justo cuando usted no puede ir. Es lo que se llama “el infiernito venezolano”. Hoy, en tiempos de Maduro, el hijo heredero de Chávez, el infiernito está naturalmente repotenciado en términos de mediocridad y pava hasta un mil por ciento o más.

Hoy, con 16 años de revolución encima repartido entre las loqueras del comandante muerto, el intervencionismo invasor cubano, la corrupción desatada y la inmensa mediocridad de los herederos del finado; nada, prácticamente nada, sale bien. Hay demasiados factores en contra como para que la vida transcurra con normalidad. Salir de mercado, por mencionar un aspecto, pasa por varias fases o pruebas revolucionarias que no existían en otros tiempos, aunque el infiernito siempre estaba por ahí dando vueltas. Lo primero. No lleve carro. En el estacionamiento del centro comercial donde está el supermercado atracan, matan por un carro y hasta se roban las baterías. Váyase en taxi, le costará medio salario mínimo pero salva el carro. Antes de entrar en materia, tómese un café para reforzar la paciencia, verá que solo hay café negro, pues no hay leche. Ni siquiera en polvo. Lleve el agua de su casa. No hay agua mineral, pues no hay envases ni tapas para los envases. Cuidado con el teléfono, también se los roban en el centro comercial. Si le ocurre lo peor y pierde el celular se encontrará con que tampoco hay nuevos dispositivos o los que hay cuestan entre 40 mil y 50 mil bolívares. Cuando se acerque al supermercado métase en la primera cola que vea. Ni siquiera pregunte para qué es la cola. Lo importante es que al final de la larga y penosa fila encontrará algo que puede ser harina, leche o pollo. Luego de las tres horas de cola y con los cuatro paquetes de papel tualet asegurado recorra los pasillos del supermercado y verá muchas cosas sencillamente no las hay y las que hay están carísimas. Antes de meter cualquier cosa en el carrito, revise el precio. Una lata de diablito pasa de 100 bolívares. Esa es la guía para saber lo que le espera.

Cuando la plata que llevaba ya está a tiro, métase en la cola para pagar. Ahí pasará otra hora antes de descubrir que alguien le robó la harina y que el muchacho que ayuda con las bolsas se fue. Le toca embolsar la compra y cargarla, pues los carritos no salen al estacionamiento ni a la calle por los robos. Párese en la línea de taxis con la carga de bolsas tipo mula de minero y espere al menos otra hora. No hay taxis. La calle está trancada. Hay una protesta por que la urbanización tiene 10 días sin agua. Cuide sus bolsas. Hasta eso se lo están robando. Y ya sabe cuando llegue a su edificio prepárese a subir 11 pisos por las escaleras con el cargamento de bolsas. Mientras usted estaba fuera, se dañaron los ascensores. Y, lo peor, no hay repuestos.

Ya no es el infiernito venezolano. Es el infiernito revolucionario. Y tenga paciencia. Estamos en medio de una revolución. Es cosa de esperar otros 20 años.

Paciencia. Mucha paciencia.

elidesr@gmail.com / Twitter: @ejrl

 

 

 

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2 Comments

  1. Miguel Ghanem
    June 5, 2014

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    Magnífico! un retrato del día a día del venezolano.

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  2. Flavia Serena
    June 8, 2014

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    Ayer vi a muchas personas no lugareñas en un supermercado, le diré que salí agotada de impotencia ante el desorden, paquetes abiertos, frutas en el piso, malas palabras, caos. Ese agotamiento es tristeza por mi país.

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